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Anoche llovió muchísimo. Se acumuló mucha agua en la terraza, pero hasta esta mañana no me he dado cuenta de que se filtraba desde el techo. Las paredes están llenas de humedades y hay goteras en el cuarto vacío hay que justo al terminar las escaleras que llevan al primer piso. He subido a ver qué cojones pasaba y he descubierto que el desagüe estaba tapado por un montón de mierda. Estoy verdaderamente empapado.
Tan solo me resta esperar a que se seque. Enciendo un cigarro, miro las secuelas a través del humo que se interpone entre mis ojos y las manchas amarronadas. Se puede aventurar el futuro en ellas, estoy seguro, un futuro del color de la mierda tibia.
Vuelvo a mi habitación. Vivo solo y la mayor parte del tiempo me dedico a imaginar la vida si pasaran cosas interesantes; otras veces únicamente me siento y leo cualquier cosa.
Compré un libro hace poco de Frederic Lodelle. Leo un poco:

Mundos dentro de otros mundos a modo de universos que forman Galaxias encajadas en Galaxias…

Mundos dentro de otros mundos a modo de universos que forman Galaxias encajadas en Galaxias, y el resultado es una Cosmomatriuska sobredimensionada.
Son tiempos extraños. De un lado la cara más näive, más edulcorada.  Los anuncios han generado un género propio en el que todo se asemeja a un precioso panecillo recién horneado y sin imperfecciones, ñaaaaam. Un panecillo comercializado a escala industrial que cala entre la gente de todas partes. Sin embargo, por otro lado, “la realidad-espectáculo”, esa creación moderna que alimenta a tantas personas que dicen trabajar en pos de la verdad.

Después de leer algo tan denso me hace falta salir de aquí. Por hoy ya no necesito más reflexiones acerca de la cultura en la que nos ha tocado vivir, al menos no desde este punto de vista tan descorazonador. Ya he tenido mi dosis.

Me bajo a Ubik.

Estoy sentado ante un café de los…

Estoy sentado frente a un café de los que revuelven las tripas. Es de esa clase de instantes en la que uno nota la presencia de algo impreciso que permite casi abiertamente conseguir entender el mundo. “Tan sólo un cigarro y será perfecto” me digo, y también:  ”la chica de al lado”. Mientras me acerco sigue a lo suyo y su interlocutora permanece  atenta a cada batir de mandíbula.
-Perdona, ¿tenéis un cigarro?
Debo de haber cortado el quid de la conversación, el desenlace de una noche orgásmica o algo así. Se quedan mirándome con un gesto incómodo, intentando comprender la situación, pero al final la del fleco más largo desliza la cajetilla de Marlboro, la atrae hacia sí y me ofrece de mala gana el penúltimo, rompiendo el equilibrio de una pareja que parecía feliz.
-¿Tenéis mechero?
Esta segunda pregunta deja claro que soy gilipollas, pero ¿qué hace parecer a un gilipollas más gilipollas que tener un cigarro apagado entre los labios?
-Sí.
-Gracias.
-De nada.
Una vez en mi mesa me alegro de que al menos no se hayan perdido las formas, la educación es lo más importante.
Retomo el hilo, me pierdo de nuevo en pensamientos improductivos. Por lo visto, el gordo del fondo me ha visto asentir en soledad, “vamos, tío, céntrate en tus cosas”.

Estas son las mías ahora:

Kristine, no puedo comprender por qué no me has incluído en tu libro. Para una ocasión que me brinda la vida de pasar del plano 3d a las bonitas líneas de un libro cachondo, vas y me dejas fuera. Es preciso que lo pienses de nuevo. No hace falta que incluyas los momentos más íntimos si no crees que fueron lo suficiente comparados con el resto de material que hay en la novela, pero vamos, seguro que en algún momento tuve que decir algo gracioso, medio inteligente…
Aunque solo sea un flashback, una analepsis, venga, merezco un poco de protagonismo. Soy tan apropiado para rellenar un par de líneas de alguno de los capítulos como cualquier otra idea estúpida que incluyas en ellos.

Me sorprendo asintiendo de nuevo, pero esta vez de algo que hay entre mis manos. Debo de haberlo cogido de la librería que hay a mi derecha mientras me debatía entre el odio y la resignación hacia Kris.

Es un libro curioso: Poesías desde el cementerio; ahora estamos juntos.

No iremos al cielo, no iremos a ninguna parte. Cuando estemos muertos, cariño, será como un domingo perpetuo.

 

El café se enfría.

No iremos al cielo, no iremos a ninguna parte. Cuando estemos muertos, cariño, será como un domingo perpetuo. Tan solo algunos coches sonarán afuera, la vida del resto de la gente seguirá pasando de puntillas: el suplemento dominical, el café y las tostadas con mantequilla, la leche calentada en el microondas y la brisa salina acompañada del sonido de las gaviotas. Escúchame, no tengas miedo, no los envidies, es lo mismo que tú y yo hemos hecho siempre. Visto desde esta posición parece una película, pero quítale la música de fondo, el tono technicolor, la exagerada puesta en escena… ¿me entiendes?

Happiness-Grant Lee Buffalo



Neustadt

Yo viajaba hacia Colonia desde Berlín. Había contactado con Leah a través de www.mitfahrgelegenheit.de.
Al principio todo fue bien, incluso tuve la sensación de que teníamos en común un sinfín de cosas, a saber: gustos musicales, la necesidad de vivir nuevas experiencias, las ganas de explorar nuevos países, pero,  sobre todo, la inclinación a seguir nuestros instintos.
Sin embargo, en algún punto entre Hannover y Dortmund, perdí la sonrisa y mis ojos se abrieron tanto que aun me duelen.
Leah empezó a hablarme de David Koresh, de sus aspiraciones secretas.
-Voy a fundar un pueblo nuevo. Allí la gente será más feliz. Adorarán a un Dios verdadero.
-¿Hablas en serio?
-Por supuesto. Si quieres, puedes unirte a mí. Será algo maravilloso.
La conversación siguió durante una hora más. De pronto, llegamos a Colonia.
Cuando bajé del coche, estuve pensando largo rato en todo lo que Leah me había contando.

Tres meses más tarde, hice el camino de vuelta. Janina erá la mujer más hermosa que había visto en años. Tenía una cara preciosa, el pelo rubio, los ojos grandes y verdes y , además, era lista y simpática. 
Al final del trayecto, le di las gracias mil veces. Justo después de poner el pie sobre Berlín, Janina dijo:
-Leah te envía recuerdos desde Neustadt. Dice que deberías pensar de nuevo en todo lo que hablasteis.
Sorpresa infinita.
-Gracias, Janina, pero no es lo mío. Solo cambiaría de opinión si el sexo estuviese asegurado por derecho y las chicas del pueblo fuesen tan guapas como tú.
-Las chicas son como yo y están tan cachondas que si te vuelves mañana conmigo follarás más que en toda tu vida. Si te apetece puedes empezar esta noche conmigo.
-Janina, soy tu hombre, fundemos un nuevo pueblo, qué cojones, un mundo nuevo. Pero primero vamos a tu casa. Y Mañana, tenemos trabajo que hacer.

Madsen-Astronaut

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Trocitos

Si la vida fuera fácil
estaríamos juntos en el mar,
una toalla sobre la arena
y un helado en la mano.

Sí, ya sé, casi estamos en invierno
pero no importa,
cuando el frío apriete de veras
te vestiré con mi piel alrededor de tu cuerpo;

cuando el frío apriete
te daré mi mano para que la uses como un guante.
Y tendrás mi cuerpo
y mis manos
y a cambio tan sólo te pido
que cuando llegue el buen tiempo
no te largues como hicieron las otras.

Madsen-Arschloch

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Balizas reflectantes. Cada salida es el camino hacia una nueva vida. ¿Qué camino tomar? Todo estaría oscuro de no ser porque los dos faros apuntan hacia adelante. El futuro se acerca a 130 kilómetros por hora y si queréis saber la verdad no promete muchas cosas. Creo que he recorrido esta carretera tantas veces que no hay ni un pequeño margen para la sorpresa. El corazón no late más deprisa. No hay esperanza al final del trayecto. Skinny love, corta las cuerdas y déjame caer. Desde la puerta de casa de Annika a la mía hay 68, 7 kilómetros; de la puerta de casa de J hasta la mía hay 75 kilómetros. Ahora el mundo es tan pequeño que no sabría deciros si han pasado horas o apenas unos segundos, pero algo me dice que el tiempo no es tan importante como lo era antes.
Me planteo soltar las manos del volante y dejar que las ruedas arranquen el camino de vuelta hacia donde quiera que exista una solución definitiva.
El destino se esconde.
Me precipito. Necesito un motivo para tomar el control. La ambulancia se abre camino. Llueve sobre el asfalto. Annika, antes de convertirme en una ensalada de hierro y sangre quiero que entiendas que no tienes la culpa. Estoy volando…

Crash.

Bon iver-Skinny love


http://www.goear.com/files/sst4/7e5b0fc2d4ef655f981fb40b9f819485.mp3

Flashmob

Resplandor. Zas. Un segundo había explotado. De repente, a lo largo de Münzstrasse se empezó a vislumbrar un reguero humano que se fue aglutinando más y más hasta convertirse en una especie de sistema orgánico al servicio de una causa inútil.
Los dispositivos móviles habían conseguido emplazar aproximadamente a 12.000 personas con un único atípico y específicamente extraño fin.
Cada uno de los participantes había sincronizado su reloj para que todos estuviesen coordinados. Así, a las 20:00:00 UTC/GMT+1, las 5 filas de hombres y mujeres empezaron su actuación espontánea.
Claus, el instigador, estaba inmerso en el caos entre Max-Beer-Strasse y Rochstrasse; detrás Karina, en ropa interior, se apretaba contra su afortunada espalda.
Las voces se apagaron y tras el silencio repentino, cada columna de personas gritó por turnos y al unísono su palabra preferida al tiempo que encendía una linterna enfocada al cielo. Desde Weinmeinsterstrasse hasta Alexanderplatz, fue desplazándose una ola de luces y gritos absurdos que acabó rompiendo contra los grandes almacenes Saturn. Claus tenía claro su mensaje: “Arsh!” y Karina movió el suyo tras él cuando le tocó el turno.
En 14 minutos el flashmob había terminado; de ello se encargó la policía antes de que Stefan tuviese tiempo de gritar “Scheisse”.

Nunca cruzaré esa frontera, la que separa lo que conozco de ti de lo que realmente eres, si es que existe, en definitiva, la conciencia única. Yo, incapaz de descifrarte, me he de contentar con detalles superficiales deformados por el tiempo: fanática de Bowie; adicta a los tipos despistados que se las dan de sinceros y que piensan demasiado deprisa en comparción a su limitada capacidad para comunicarse; hombres inseguros pero con el sentido del humor apropiado, enclenques idealistas a los que dejas creer que la conquista es obra suya.
Juré que te arrancaría la piel, que te extraería los músculos y toda la porquería que se interpusiera entre tus huesos y mis manos.
Hoy esos  juramentos ya forman parte de la lista de cosas inconclusas, porque nunca manché mis dedos con tu sangre.
Todos sabemos cómo llevar una camiseta, la forma correcta de posar con una guitarra o la manera precisa de presentarnos en sociedad para resultar más interesantes de lo que somos.  Conocemos bien el método que nos mantiene sobre la superficie, pero nos faltan las gafas de buceo y las pelotas para zambullirnos en este puto mar. Llamémoslo miedo a la hipotermia ,o digamos que somos unos iconoclastas de las apariencias, de la estética, de la mentira.

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