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El banquete

-Buenos días, señor, ¿qué le gustaría tomar?
-Me pone una rubia vestida de rojo como entrante.
-Claro, señor.
-También tomaré dos chicas rebozadas en cuero y unas botas brillantes con tacones de aguja; después traiga una sopa de biquinis color limón y medias claras.
-¿Y para beber?
-Exprima a una morena simpática y a dos azafatas.
-Señor, le advierto que eso es mucha comida, las raciones son…
-Tengo muchísima hambre,  ¿no oye las tripas? ¡Ah! sáquelo todo a la vez, ya se sabe, la comida entra por los ojos.
-¡Pero se va a quedar ciego!
-Por el amor de Dios, ¿ es usted mi madre o  el maldito camarero?
-Lo siento, señor, ahora mismo le sirvo.
-Dése prisa, amigo.

Alex Tew montó una página web cuando contaba con 21 años. La idea era ganar un millón de dólares. Os diré cómo lo hizo: creó un site con un millón de píxeles en blanco y después los vendió a un dolar la pieza. En cinco meses The Million Dollar Homepage le convirtió en millonario.

Byron Reese pensó que a los niños les gustaría recibir cartas de Papá Noel, así que pilló una dirección en el Polo Norte y se dedicó a vender cartas personalizadas con el matasellos de aquel lugar a los chavales  al precio de 10$ por misiva. La cosa funcionó muy bien, preguntadle cuánta pasta tiene en el banco.

Mike Monaghan era un informático apasionado por la cultura blogger. Una mañana, mientras enlazaba un montón de blogs a través del tag “pensamientos” se le ocurrió que a la gente le gustaría tener un libro con un diseño personalizado en el que apareciesen los post mejor votados en cada categoría (subidos de antemano a su web voluntariamente, por supuesto) por los usuarios del site. Ahora el irlandés ya no tiene que preocuparse por su futuro, y menos por su economía.

He leído una novela que congelaba el tiempo: personajes glaciales, sentimientos ausentes y racionalismo científico saliendo de todas partes.
He notado como se me astillaban los músculos;  he percibido la manera en que los zarcillos me iban granizando las uñas de los pies, el modo en que se enredaban por todo el cuerpo ascendendiendo libremente. 
Ahora soy una roca antártica, un pedazo más de la nada blanca y pura, una virgen sin nombre varada en el infinito. Aquí la realidad supera todos los límites y la crudeza se devora a sí misma en un banquete de una brutalidad lívida. Rebobina, rebobina… atrás.

Albelda deja esta perlita para la prensa deportiva y para todos los pesados madridistas. Hay dramas y dramas.

Nosotros no tenemos a Silva y no estamos dando el ‘coñazo’ todos los días

 

triste

Es horroroso,el vacío, esta mierda, vosotros, las calles rebobinadas sin ninguna chica del brazo, sin puerto a la vista, sin aspiraciones. El día de de mañana araña la puerta. Al principio es como un perrito asustado pidiendo tímidamente que lo dejen pasar, pero después de la mitad de lo que dura un pestañeo ya está haciendo un ruido horrible, ¡insoportable-dentera!… tengo tantas ganas de llorar, me siento tan ridículo. Soy un gilipollas eternamente arrepentido.
Hoy no podré dormir, lo sé. Hay un lazo de ansiedad atado en la garganta. Antes me cobijaba de la lluvia al raso de lo que sentía por ti, pero ahora… ahora todas las puertas están cerradas.
Atrapado en una espiral de emociones destructivas. Me faltan piezas, me faltan piezas, me faltan…

Bon Voyage

La cantidad máxima de dinero en efectivo que uno puede transportar en el avión sin que nadie haga preguntas al respecto es de 10.000 euros, al menos desde este lado del mundo.
En este caso X infringe  la ley, pero eso no tiene ninguna importancia cuando dispones de la inestimable ayuda del tío que se encarga de ver las tripas del equipaje de mano.

Nos referimos a Jorge, el empleado de seguridad del aeropuerto que se sienta delante de la pantallita. Por 8000 euros le da vía libre al viajero y de paso se asegura el  pago de algunas dedudas que podrían costarle la vida, un buen trato. El resto, 2000 más, cuando nuestro hombre  llegue a la Isla de Man, donde procederá al blanqueo de la pasta en una de esas lavadoras que llaman paraísos fiscales. Podría hacer lo mismo, esperar un poco y llevar a cabo la operación en el pacífico, pero tiene prisa, cuanto antes mejor.

12.15h

Jorgito manda a su ayudante a por una botellita de agua “la boca seca, le dice” y en ese momento X  consigue colar su Adicolor Sir Bag white/black.
Así, pasa el control sin ningún contratiempo; ve su reflejo en uno de los cristales adosados en una de las columnas cercanas a la puerta de embarque ”ahí va un hombre rico”, piensa. 

12.55h

X le muestra la tarjeta de viaje a la hermosa castaña que hay al principio del pasillo. La chica lo mira unos segundos y rápidamente levanta la vista y le devuelve una sonrisa mecánica, sin duda aprendida en la academia y perfeccionada con los años. Pronto podrá comprar más sonrisas como esa adosadas a caras de anuncios de yogur light.

13.05h

El Airbus despega. X mira su billete: (IOM) Ronaldsway Airport, Isle Of Man, GB. Los motores del aparato empiezan a aullar.
De pronto un cosquilleo en el estómago, las ruedas se despegan del firme de la pista. El piloto bromea con Jonas, el novato que tiene a su lado el día de hoy. “Tranquilo chico, va a ir como la seda. Te daré un único consejo: cuando Karen venga aquí a traernos café mírale directamente a los ojos y dile que sí sin apartar la vista. A mí me funciona bien”.

La huída

Podría llamarse júbilo.
X enfiló por la avenida a más de 100 km por hora. En un par de ocasiones estuvo a punto de golpear la parte trasera de varios automóviles, pero cada vez consiguió dar un hábil volantazo y superarlos en el último momento.
De su coche crecían pequeños sonidos prácticamente inaudibles a baja velocidad, pero más y más desesperados a medida que el motor se esforzaba por reaccionar fiel a la brusquedad de su conductor kamikaze.
X casi podía identificarlos todos: la correa, la bomba de la dirección, el chasquido de la junta universal, el aullido de la transmisión…
Aquel Astra que había costado un par de cientos estaba muy enfermo.  A juzgar por el estruendo que lanzaba en todas direcciones,  nadie se atrevería a afirmar con plena rotundidad que aquella cafetera no explotase de manera repentina produciendo una deflagración capaz de matar a un puñado de peatones inocentes, dejando al piloto convertido en una tostada y, cerca de él, otros hombres y mujeres se quemarían, se  revolverían y se asarían.  

Podría llamarse alegría.
X tenía la mente ocupada con algo más que la carretera. Su memoria procedimental le permitía avanzar entre la exigua jauría de las 11.00h al tiempo que sus neuronas se enlazaban juguetonas, entretenidas en crear  ilusiones de imágenes de sol y playa, habitaciones de hoteles de lujo con vistas al mar y putas caribeñas saliendo de detrás de cada maldita palmera.

Dos meses había tardado en decidirse. Ahora sólo le restaba llegar al aeropuerto a tiempo y desaparecer para siempre.
X creía en el viejo refrán que dice que hay que tener amigos hasta en el infierno, y era , además de un creyente, un practicante contumaz de su particular credo.  Sin ayuda no hubiese podido dar el golpe. Tan sólo unos minutos antes su descripción se correspondía con la de un tipo con menos de 300 euros en su cuenta corriente, pero ahora tenía una maleta deportiva llena de efectivo y una cabeza repleta de sueños. Se acercaba el final de una vida gris, se intuía el principio de algo importante.

Meteosat-Rescate espacial en alfa centauro

Nosötrash-Voy a aterrizar

Aquí os dejo un disco de pop español. En él encontraréis temas de:
Ivan Ferreiro, La Vaca Azul, Los Planetas, Deluxe, Cristina Rosenvinge…

Es un variadillo musical.

http://www.megaupload.com/?d=089DYPMT

Hacia otro lugar

-Me pregunto cómo será vivir en cualquier otro sitio, lejos de aquí.
-No lo sé, creo que en todas partes es lo mismo.

Al fondo, en dirección opuesta a sus narices, centelleaban una decena de luces apoyadas en medio de la calma nocturna. Era el signo inequívoco de que allá a lo lejos había más personas ancladas en aquel nido de abandono. Cada pequeña mota luminosa se sentía sin duda arropada por las demás; formaban una comunidad solitaria en la falda de la montaña.

Era otoño. Hacía demasiado frío para estar sentados allí fuera y, sin embargo, no pensaban en buscar ningún otro rincón donde matar el tiempo.

Había un hilo de coches atravesando el paso a nivel que quedaba a la izquierda de sus cuerpos ,y de repente, un sonido agudo lo detuvo. Las barreras empezaron a caer despacio y a ambos lados los motores permanecieron rugiendo, mansos, esperando a que los obstáculos  les dieran paso de nuevo.

En pocos minutos llegó un tren. Tenía los cristales y las puertas graffiteados.
Cuando se abrieron, el mensaje quedó partido en segmentos iguales.
Ambos subieron tranquilamente y sintieron el ambiente cálido y el hilo musical.

-¿Cuánto crees que tardaremos?
-No lo sé. Si nos quedamos dormidos el viaje será mucho más corto.

Desde el firme de la estación se pudo observar el arranque, las letras ininteligibles del graffitti otra vez unidas, los pasajeros que desaparecían hacia la derecha y, en unos segundos, únicamente el final del convoy, tras el que quedaban las lucecitas desamparadas dando las buenas noches.

Tender Forever-The magic of crashing Stars

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