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Al final siempre pasa lo mismo: llamo yo, espero que ella dé señales de vida… Toda la semana dándole vueltas. Pasa una semana, 9 días, 15 días…
SE ACABÓ

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Noël

Las Navidades se acercan: caen píxeles blancos desde la barra de administración de WordPress, suenan Villancicos en Mercadona y en cada piso de estudiantes al que voy encuentro el mismo árbol minúsculo de los chinos.

Ayer estuve en uno de esos pisos. Cené, bebí algo de vino, algo de cerveza, conocí a algunas chicas… una de ellas me dejó su ordenador para buscar unas fotos del facebook y al abrir una nueva pestaña vi un montón de páginas porno alemanas…

La gente se fue despidiendo: choque de mano, beso en la mejilla, ya sabéis, lo que se hace en estos casos. 

Al final nos quedamos ellas y yo.
Nadie habló demasiado a partir de ahí.

Apagaron las luces del salón, quedaron solo las bombillitas del arbolito
y cada uno cogió su regalo. 

Por cierto, todo muy francés.  

 

Quizá os haya pasado, que os llamen un día para mediar en un conflicto, uno de esos entre un amigo y su novia. Pues sabed que si vais os exponéis a convertiros en un arma arrojadiza, en un enemigo muy peligroso para vosotros mismos. Y que sepáis que si no tenéis cuidado el problema de ambos acabará por atraparos. ¿Qué como lo sé? Pues porque yo la cagué y olvidé lo más importante, cuando estas cosas pasan los mediadores, sobran.

Quedé con Vale en una placita cerca de aquí. La conocí por la Red. Era simpática y guapa y divertida. Hablamos durante un ratito y las cosas entre los dos fueron bien. Nos alabamos mutuamente por las referencias que cada uno había dejado en su perfil, por las coincidencias que había entre los dos. Me preguntó ¿ Es cosa del destino? , yo le dije , Vale, es internet cariño, el destino no tiene nada que ver. Después vino un beso, pero claro, eso no fue cosa de internet.

Hace ya muchos años (hoy estoy en plan cuentacuentos, espero que no os importe) había una chica de la que ya os he hablado alguna que otra vez. Su nombre era Kristine y su mayor deseo fue siempre el de convertirse en artista. ¿Qué clase de artista? le preguntaba yo. No sé, de cualquier clase. Pues una de esas artistas a las que llaman para que vaya a los programas de televisión, una de esas a las que invitan para contar cómo se le ocurrió su última creación… una de esas, supongo.
Y pasaron los años y Kristine se separó de mí. Se propuso vivir experiencias de todo tipo para tener algo que contar en su próxima “obra de arte”. Habló con mucha gente, empezó a trabajar en una agencia de publicidad, hizo muchos picnics de sociedad, vio muchas películas decadentes europeas, comenzó a meterse mucha blanca navidad por la tocha… esas cosas que animan al espíritu a transformarse en una voluntad creadora (véase S.Freud).
La vida de Kristine empezó a coger velocidad. Se multiplicaron las personas que escuchaban hablar de ella, las que sobornaban a sus conocidos para conseguir su número de teléfono y las que cuchicheaban con sus compañeros cuando entraba a un garito de moda.
Un día se le presentó su oportunidad. Fue en una de esas fiestas , cómo se llaman, ah sí, sex parties. Kristine estaba siendo sodomizada por un viudo millonario, un editor importante que había oído algún rumor acerca de su anhelado futuro. El hombre, que era muy simpático y atento, esperó a que terminara el intercambio sexual para hablar con ella y le propuso quedar en su despacho para ultimar detalles.
Al día siguiente Kristine volvió de su entrevista y se puso manos a la obra. En unos meses dio el salto a la fama. Dejó de contestar a mis llamadas, a mis mensajes de facebook… esas cosas que pasan.
Su libro, (traducido como mi corazón es una puta mierda, siempre follo con hombres que no me respetan) fue un éxito de ventas. Empezó por entonces a salir con grandes gafas de sol que cubrían su rostro, le dio por ponerse pañuelos alrededor del cuello cada vez que iba de compras a algún supermercado cerca de su casa… esas cosas que pasan.
Y por fin, un día, le llamaron para ir a una entrevista de televisión. La presentadora dijo: “y ahora, con nosotros, la mujer que ha puesto adjetivos a la historia de toda una generación”. Kristine entró al plató y estuvo hablando de su libro y me di cuenta de que una de esas anécdotas la había vivido conmigo, solo que yo no tenía mi nombre, ni mi aspecto, ni mi altura, ni siquiera , por lo que dijo, mi polla, en fin, de nuevo… esas cosas que pasan.

Vale, esta es la historia de mi vida, y cada vez es más friki y yo salgo más humillado. Te quedaste en la parte en la que yo estoy tumbado sobre la arena, ok? Bueno, pues después de eso nos cogemos la mano, tumbaditos, nos reímos de cualquier cosa. Todo el mundo que pasa por allí juraría que nos va de puta madre que somos muy felices y que únicamente una catástrofe nuclear o un meteorito gigante a gran velocidad a punto de impactar sobre la madre Tierra podría destruir ese momento. Pero son todos unos putos ignorantes, aunque estemos cogidos de la mano, aunque yo le pregunte a la tía : “oye, me gustaría que nos quedáramos solos Tú y Yo”, y que ella me responda con un sí rotundo. A lo que vamos, que yo también peco de gilipollas, confío en su palabra. Le digo, vale, pues en cuanto quieras se lo dices y TÚ y YO nos vamos a dar un paseo. A todo esto, el mamón de los cojones sigue por allí dando por culo y de vez en cuando escucho como él y Jose sueltan alguna frase del rollo : “sí, el arte es un ejercicio completo en harmonía con el ser y la vida. Todo artista es la combinación de un compendio absoluto de imaginación y creatividad unidas por Dios”.
Y la última palabra resuena como un diapasón en clave de triunfo y me pregunto:” no seré yo Dios, no seré yo la reencarnación de J.C (por si no lo pillas o no eres muy fan del hijo de Yaveh, esta vez, y solo esta vez, me refiero a Jesucristo).
Son las 7.30 más o menos y aun seguimos allí. Pronto nos cansaremos de ver cómo el Sol vuelve a salir otra puta vez (clara referencia al Eclesiastés) y nos levantaremos para largarnos de la playa, unos con la promesa de pasear al lado de una tía espectacular, otros con la certeza de que ella volverá, inexplicablemente, inexorablemente, estupidamente, hirientemente, ineluctablemente… a su piso alquilado de benimaclet con él.
Y como la vida no es una obra de arte, ni una jodida sinfonía de Mozart, sino una peli de media tarde donde todo parece exageradamente falso y sobreactuado, como una canción de desazón mortal de Elliot Smith, como un libro que te congela los huevos después de explicar lo que nadie se atreve, pues ya sabes, ella se despide a la altura del tranvía de mí y de jose y me da un beso y dice adiós como si nunca me hubiese agarrado la mano, como si sus últimas palabras fueran una plantillita de word en la que solo está la palabra si, vamos, formulario estándar en toda regla, señor venga otro día no puedo hacer nada, solo soy un trabajador más. Se pira con el chileno, con esa basura de mierda que ha esperado tranquilamente sabiendo lo que iba a pasar.
Vale, llegamos al final. Cuando giran la esquina me desespero y pienso en esto: la vida es más parecida a sexo en nueva york, a un espectáculo simplón y superficial que a cualquier otra cosa. Ahora yo soy Carrie y te escribo esta columna, con una última frase lapidaria a modo de pregunta, por supuesto: ” no serán (nótese que cambio tíos por tías) las tías siempre el problema en vez de la solución a algo que nunca sabemos como describir? (bueno, en realidad casi siempre son dos, así que respeto la estructura) no será el destino siempre un poco más cruel para que dejes de pensar en paseos por la playa y te decidas, un día, a gritar delante de todo el mundo: “nos vamos a follar o estás con ese capullo tan profundo?”. Amigo mío, esto china town y cuando la policía llegue, ya no habrá justicia, solo gente muerta, fundido en negro y los rótulos que ambos conocemos de sobra F-I-N